SABIENDO MÁS DE LAS EMOCIONES 1ª parte:

SABIENDO MÁS DE LAS EMOCIONES – 1ª parte.

Joseph Ledoux es un brillante neurocientífico y profesor del Neurología de la Universidad de Nueva York, ha estudiado e investigado profundamente el papel que cumple la función cerebral para poder entender la emoción. Él ha investigado y centrado su atención en el estudio del miedo como emoción que surge ante una situación de peligro, y como forma de defensa ante el mismo.

Joseph Ledoux 

 El cerebro emocional

La información que perciben nuestros sentidos es procesada por la corteza cerebral, que nos hace darnos cuenta de lo que percibimos, así identificamos lo que oímos, lo que vemos, etc., es un procesamiento de la información muy rápido pero que lleva un cierto tiempo. Por otra parte, Joseph Ledoux se dio cuenta respecto a la emoción del miedo, que había un tipo de procesamiento de la información que se daba inmediatamente. Por ejemplo: si vamos por el bosque y vemos un bulto enroscado, nuestro cerebro responde inmediatamente ante ese estímulo, el corazón comienza a palpitar intensamente, la presión arterial se acelera, facilitando que nuestros músculos se contraigan para poder huir o luchar. La estructura cerebral llamada amígdala, era junto al tálamo, la responsable en dar una respuesta tan rápida ante ese estímulo peligroso, lo que se conoce como vía de procesamiento de la información tálamo-amigdalina. Ahora bien, cuando la información que proviene del tálamo llega a la corteza visual, es entonces, cuando el cerebro llega a determinar si el objeto «peligroso» es verdaderamente una serpiente, o un bulto de tela enroscado.

La vía de procesamiento tálamo-cortical se compone de la percepción del estímulo y de las siguientes estructuras cerebrales: tálamo – corteza cerebral – hipocampo – amígdala, tiene la ventaja que es una vía de alta calidad, que por ejemplo es la que nos permite llegar a distinguir a un perro Boxer de un Gran Danés, y tiene cierto inconveniente: lleva más tiempo en el procesamiento de la información al pasar por muchas estructuras cerebrales, es una vía lenta, que tarda un poco más en responder. En cambio la vía tálamo-amigdalina, (las estructuras participantes son sólo la amígdala y el tálamo), tiene el beneficio de ser una vía muy rápida en reaccionar ante el estímulo, y tiene la desventaja de ser de peor calidad en cuanto a no diferenciación del estímulo, confunde el bulto de tela enrollado con una serpiente. Pero gracias a esta vía, que siendo de peor calidad, obtenemos más tiempo en dar una respuesta que nos protege ante un posible peligro.

Reaccionamos ante una situación peligrosa, antes de que nos demos cuenta de que estamos ante una situación con dichas características. Otro ejemplo: es de noche y voy caminando por una calle muy oscura y de repente, delante de mí, se cruza con mucha rapidez un animal de pequeñas dimensiones y desaparece debajo de un coche, inmediatamente pego un salto con mucho temor, porque creo que es una rata; pero posteriormente el animal sale corriendo y cruza la calle dándome cuenta de que lo que me provocó dicho susto, era un inofensivo gatito, que también él estaba asustado ante mi presencia. Todo esto me muestra con la rapidez que puedo reaccionar, asustándome, poniéndome en alerta y llegar a dar un salto cuando tengo miedo, sin que para ello haya intervenido mi voluntad. Es mediante la activación inmediata de la amígdala, al ver a ese animal que corre y que me permite saltar, me ha dado un tiempo para tener una reacción ante un peligro inminente (como ser la presencia amenazante de una rata). Es gracias a la participación de la vía tálamo-amigdalina, promotora en que las emociones tengan esa facultad de generar reacciones totalmente automáticas ante determinadas cosas que se presentan, cosas que pueden ser desagradables (estímulos) – como el suponer que el animal era una rata – el miedo y el asco (emoción) – respondo dando un salto (respuesta motora).

ESTÍMULO ⇨ EMOCIÓN ⇨ RESPUESTA MOTORA

Creer que lo que veo es una rata

Siento miedo

Cuando aparece el estímulo peligroso (creer que lo que vemos es una rata), la reacción de nuestro organismo es variada: nuestro corazón late más de prisa, contenemos la respiración, nuestros músculos se tensan, dichas respuestas son en sí algunos de los componentes de la emoción de miedo. Posteriormente, damos la respuesta motora que puede ser: dar un salto, o detenernos, o salir corriendo.

Edison Meneses Torre

Psicólogo-psicoterapeuta

Atención psicológica adolescentes y adultos

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